Confesión: A veces te escribo mensajes por whatsapp porque sé que no te llegarán
Confesión: A veces escribo acá pensando que me lees
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10 dic 2015; 7:55
Quizá ya te he dicho esto mil veces, pero es increíble como tú arreglas las cosas sólo con decirme que has pensado en mí. Saber que soy el pensamiento que llega a tu cabeza cuando todos los otros van quedando en la carretera. Ser el que se queda contigo y te acompaña en el viaje. Es bonito saberlo porque tenemos concepciones diferentes para muchas cosas, pero no con esto. Yo te sigo encontrando cada vez que cierro los ojos, eres tú en quien pienso cuando me levanto y cuando me voy a dormir, eres tú el de las películas románticas y el de las canciones. Te amo todos los días y todas las noches y voy a amarte hasta que perdamos la cuenta de cuántas semanas son, de cuántos meses son, de cuántos años son. Gracias por todo esto tan bonito que me regalas a diario."
Carta
Querida:
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[1] Mónica: nombre femenino de origen griego cuyo significado es "la que ama la soledad".
Yo soy el Sr. Engaño y he venido para ser otro Engaño en tu vida. Imagino que habrás conocido a otros antes aunque te cueste reconocerlo. Nosotros, los Engaños, solemos dejar ese sabor amargo, esa vergüenza y esas ganas de olvidar. Pero no te confundas, yo no soy cualquier Engaño.
Tienes miedo ahora porque crees que me conoces bastante (y por lo tanto hay más de mí para querer) pero yo no sé nada de ti. Primer error: sé de ti lo suficiente, sé de ti exactamente lo que debería saber. Sé que quieres con facilidad, sé que eres frágil e insegura, sé que te equivocas con frecuencia porque tu corazón es mucho más grande que tu cerebro (y bueno, reconozcamos que tienes un gran cerebro). Sé que vas a quererme hasta el infinito porque tu don es precisamente ese, sé que en algún momento creerás que soy muy importante en tu vida y poco a poco dejarás que te consuma. Sé que será fácil quitarte todo lo que con tanto esfuerzo construyes en las afueras de mi casa, dejándote sumida en la soledad otra vez, de donde renacerás finalmente convertida en lo que por tanto tiempo has estado incubando en tu interior: alguien llena de aversión y recelo por quienes le demuestren cariño, decepcionada de todos aquellos que dijeron amarla y no le advirtieron que el amor sólo podía hacer daño.
Y no, no me conoces bastante. Conoces de mí la parte amable, la parte querible. Pero yo también soy consciente del peligro y tengo mis armas bien cargadas. Podría apostar que te imaginabas esto pero que tu ilusión de ser felices juntos no te dejó aceptarlo. Después de todo, querida, yo soy un Engaño, y tú eres una Mónica, y fuiste concebida para estar en soledad.
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[1] Mónica: nombre femenino de origen griego cuyo significado es "la que ama la soledad".
Confesión
Quiero confesar que eres mi autor favorito. Me hice adicta tanto a la prosa como al verso, a las rimas que suben como burbujas y me hunden más profundo en ti. Quiero confesar que me muero por amanecer junto a todo eso cada día, por que sientas como despierta mi piel con cada palabra tuya, por ver en tus ojos cuando nace una idea y seguir el proceso hasta que se convierte en letras y vienen a mí y me dejan ese sabor dulce y amargo en la boca, que le da vida a mis manos, que retuerce mi vientre y me hace sentirte.
Dichosa yo que te creo para mí. Dichosa yo que en mi universo soy tu única musa y lectora.
Dichosa yo que te creo para mí. Dichosa yo que en mi universo soy tu única musa y lectora.
"Y chao con todo no más. Quiero terminar con toda la mierda que hay aquí, con todas las cosas que no me gustan que se han juntado desde que sentía que era relativamente feliz hasta ahora. Sé que suena drástico y melodramático, pero así me siento. Siento que estoy haciendo un montón de hueás que no me gustan y la mayor parte del tiempo ni siquiera sé por qué las hago, siento que el mundo está lleno de gente hipócrita y oportunista, como concentrados a mi alrededor. Quiero salir corriendo, gritando que nada de aquí me gusta ni me hace feliz. Quiero dejar de darle en el gusto a todos estos pelmazos y que si hablan mal de mí que tengan razón, que hablen con ganas. Tengo ganas de merecerme todo lo que me está pasando, actuar mal y sentir que es el karma el que me está haciendo mierda como debería pasarle a los que me han hecho daño y siguen sus vidas muy tranquilos cagados de risa. ¿Por qué yo no puedo? ¿Por que no puedo mandar todo a la cresta no más y dejar de preocuparme tanto? ¿Cómo se hace eso y por qué a mí no me lo enseñaron? De vez en cuando se siente bacán y parece como si las hueás funcionaran bien, pero esos momentos cada vez duran menos y son menos frecuentes. Quiero irme lejos y empezar de nuevo, que nadie sepa de mí, hacerme otra reputación y que nadie sienta que puede pasar por arriba mío. Quiero terminar todo esto y empezar de nuevo, aunque sepa que me voy a volver a equivocar."
Tú te fuiste y yo me quedé. Ese era el trato desde el inicio, porque desde entonces sabíamos que tenía que terminar. Tú te llevabas las palabras, yo me quedaba con las lágrimas. No habrían visitas esporádicas ni encuentros casuales, las promesas te las devolví tal como me las diste y las deudas quedaron saldadas.
El problema fue que tú te llevaste todos los recuerdos y yo me quedé con todo lo que no puedo simplemente desechar. Ya quisiera haberme quedado las fotos, los regalos, las cartas que nunca existieron: en cambio, mi parte consiste en un montón de sentimientos que no puedo meter en la bolsa de la basura o eliminar con un click. Pero lo entiendo, correspondía. Ésos fueron siempre míos. Siempre son míos.
El problema fue que tú te llevaste todos los recuerdos y yo me quedé con todo lo que no puedo simplemente desechar. Ya quisiera haberme quedado las fotos, los regalos, las cartas que nunca existieron: en cambio, mi parte consiste en un montón de sentimientos que no puedo meter en la bolsa de la basura o eliminar con un click. Pero lo entiendo, correspondía. Ésos fueron siempre míos. Siempre son míos.
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Voy a detenerme sólo un momento a mirar todo lo que he venido arrastrando hasta aquí. Voy a guardar uno por uno los trozos de hielo que
Me los guardo para que no me conviertan en hielo a mí también.
Me guardo la primera vez que te vi y vi en ti a un niño despistado. Me guardo la ocasión en que me senté a tu lado y te miré el cuello de la camisa mientras tú mirabas el suelo. Me guardo la canción que escuchaba cuando me hablaste por fin, me guardo los libros de Cohelo que quería que tú también leyeras, me guardo el sentimiento -qué tonta- de que te preocupabas. Voy a guardar todas las veces que me maravillé contigo, todas las veces que quise abrazarte para agradecer lo que hacías por mí, aún sin saber que lo hacías, aún estando a kilómetros de distancia.
Me guardo el momento en que te empecé a querer. -¿Dónde empezó todo? ¿Dónde empezó? Necesito recordarlo ahora para poder guardarlo para siempre- Cuando
Me guardo la primera vez que dejé que supieras que te quería, y las veces que me senté a escribir frente a esta misma pantalla cosas que sabía que jamás leerías. Las veces que pensé que podíamos existir, la vez que dijiste que pensabas en mí. Me guardo los encuentros tan esperados, la invitación tímida y temerosa que me atreví a hacer, los paseos, las conversaciones, la vez que te dejé verme de la manera en que no quería que me vieras, siendo tonta, incoherente, fea... y demasiado preocupada por ti. Me guardo todas las veces que me sentí menos, que te puse por sobre mí maravillándome con cada cosa que decías o hacías. Guardo también -y en lo más profundo- cada vez que quise que notaras cosas en mí, cosas que te hicieran sentir orgulloso, cosas en las que buscaba tu aprobación; querer ser tan lista como tú, tan elocuente como tú. Querer ser lo suficientemente buena para ti, cuando pasaba todo lo contrario. Guardo la primera vez que te tomé la mano, la primera vez que noté una pizca de atención hacia mí en tus ojos, la manera en que sentía que te ponías incómodo, y tu insistencia en ser algo así como un mounstro que sólo daña a quienes se acercan -y la mía de creer que podía sanarte con un amor auténtico-.
Guardo el tiempo en que decidí alejarme, dejarte por tu cuenta y respetarme. Los encuentros con otros amigos, las ocasiones que por diferentes motivos nos mantenían en contacto. Guardo el abrazo que corrí a recibir cuando nos reencontramos, de vuelta en el puerto de los sueños infinitos. Dar un paseo contigo bajo las estrellas, tomarnos una taza de café, descubrir que todo lo que sentía seguía allí intacto. Tus ganas de que siguiéramos siendo nada mientras otros creían que éramos algo. Mis ganas de rendirme otra vez.
Guardo todo lo que pasó desde entonces, desde que por alguna razón -puedo imaginar los motivos más macabros ahora mismo- decidiste volver a hablarme y todo lo que comenzó allí, que no vale la pena mencionar, pues está escrito en cada una de las páginas de esto, en cada célula de mi piel -que eventualmente morirá y será reemplazada por una nueva, sin memoria-, las comidas, los helados, los amigos, las hojas, los metros, las canciones, los libros... lo demás. Y mis ganas de construir algo contigo, que conocieras a mis padres, conocer a los tuyos -es que con él quizá podamos construir algo más maduro, más real- mis ganas de demostrarte que no todos se van, que hay personas que te quieren para siempre. Mi inútil intento por esconder las lágrimas, al igual que ahora, cuando dijiste que te ibas -algo me atravesaba el pecho, al igual que ahora, y no sé por qué. No sé por qué, si ni siquiera te quiero tanto. Si ni siquiera me quisiste tanto-. El resto es historia, -incluyendo las propuestas de volver de vez en cuando- que también guardaré, para mantenerte lejos, para no darme cuenta de cuánto te
Simplemente para seguir adelante y quererte, menos.
Nosotros
Amor; era todo lo que le pedía y con lo que la hacía feliz. ¡Qué baratas eran sus sonrisas! Qué simple era enamorarla todos los días, bastaba con que él la mirara a los ojos, con que la dejara besarlo, con que le tomara la mano y le dijera "me gustas". ¿Y lo demás? Lo demás no hacía falta, lo demás ya podía hacerlo ella misma, tenía corazón de sobra para quererlo a él -mucho más allá de lo que él quisiera o mereciera- y para suplir la falta de retribución. ¿Y cuando él no estaba? Ya ella encontraba maneras de enamorarse, escribiéndole un poema, pintándolo en papel o construyendo recuerdos que él nunca compartiría, hablando de él con todo el mundo, aunque nadie nunca la viera con él.
Ya sabía ella que acabaría mucho antes del primer beso, ya sabía que no existían desde el primer verso.
Ya sabía ella que acabaría mucho antes del primer beso, ya sabía que no existían desde el primer verso.
De límites y tiempo
¿Cuándo llega momento exacto para sentir plena confianza?
¿Cuándo podemos llamarnos "nuestros" sin perder libertad?
¿Cuándo nos ganamos el permiso de decirnos "te conozco"?
¿Cuándo dejamos de querer a todos los demás y pasamos a ser exclusivamente el uno para el otro?
Tal vez nada de eso vaya a pasar. Quizá sólo somos dos aves volando juntas una parte del camino, sin ganas de llegar a un nido, enamorándonos y desenamorándonos con cada estación.
¿Cuándo podemos llamarnos "nuestros" sin perder libertad?
¿Cuándo nos ganamos el permiso de decirnos "te conozco"?
¿Cuándo dejamos de querer a todos los demás y pasamos a ser exclusivamente el uno para el otro?
Tal vez nada de eso vaya a pasar. Quizá sólo somos dos aves volando juntas una parte del camino, sin ganas de llegar a un nido, enamorándonos y desenamorándonos con cada estación.
Abre los ojos
"¡Abre los ojos, mujer! Míralo ahí sentado, enfrascado en sus libros sobre el universo y escondido detrás de esas gafas de intelectual, ¿de verdad crees que en algún momento pasas por su mente cuando no estás frente a él? ¿Crees que por la noche, antes de dormir, piensa en qué puede cambiar él para hacerte feliz? En cambio tú... Tú, mujer, te quedas en los huesos por dar los pasos perfectos para que él se sienta orgulloso de ti, y serías capaz de cambiar la curvatura del mundo si así a él le resultara más cómodo"
Easy come. Easy go.
Hay días en los que puedo crear universos encima de un montoncito de algodón. Hoy no era uno de esos días, pero finalmente me encontré con algo que va a ser mi bandera de lucha de ahora en adelante. "Fácil viene, fácil se va". Que así sea. Y viceversa. Que esto, que costó tanto tiempo -y quién sabe qué otras cosas- conseguir, no se vaya tan fácil. Al menos no tanto. Que se quede, al menos, hasta que se acabe el café.
Así que sigamos adelante.
Así que sigamos adelante.
De cómo siempre estuvo
Venía en la mañana, con olor a café.
Y se quedó.
Y yo quiero que se quede...
Se acercaba y besaba mi frente con ternura,
y eso bastaba.
Llegaba cuando estaba almorzando,
en las tardes, mientras leía algún libro,
mientras bailaba.
Me abrazaba cuando el clima se hacía frío,
mirábamos el cielo juntos
y soñábamos.
Discutíamos de los problemas de la sociedad,
me explicaba cómo funciona el mundo,
simplemente jugábamos.
Se sentaba a mi lado en las noches,
en una mano una cerveza, en la otra
mi propia mano.
Se quedaba en silencio pensando,
era guerrero, era sabio, era poeta,
era humano.
Pero venía siempre hecho de aire,
de ausencia,
de dispersión...
Hasta que un día llegó.
Hecho de carne y hueso,
Hecho de carne y hueso,
o de hueso y corazón.
Y yo quiero que se quede...
Fluye y Crece
En días así siento como si volviera a tener 12 o 13.
Por la impotencia contenida, por no poder encausar lo que siento, por
ser como un agujero que estalla pero no estalla.
Pero con 13 las palabras no dolían tanto.
Quemaban por un rato y luego se apagaban.
Al día siguiente ya casi ni importaban.
En cambio, ahora es diferente.
Ahora las palabras no arden, no queman.
Ahora cortan, pasan atravesando la piel y se incrustan en el primer órgano que encuentran.
Ahora vienen con filo, con misión de destruir, ahora salen disparadas hacia cualquier parte sin saber qué tanto daño pueden causar.
Ahora suenan a decepción. A derrota.
A "hice algo mal contigo" y dejan un gusto amargo a "fallaste".
Tuvimos que elegir entre el miedo y el respeto.
Tal parece que no llegamos a ningún acuerdo y perdimos los dos.
Por la impotencia contenida, por no poder encausar lo que siento, por
ser como un agujero que estalla pero no estalla.
Pero con 13 las palabras no dolían tanto.
Quemaban por un rato y luego se apagaban.
Al día siguiente ya casi ni importaban.
En cambio, ahora es diferente.
Ahora las palabras no arden, no queman.
Ahora cortan, pasan atravesando la piel y se incrustan en el primer órgano que encuentran.
Ahora vienen con filo, con misión de destruir, ahora salen disparadas hacia cualquier parte sin saber qué tanto daño pueden causar.
Ahora suenan a decepción. A derrota.
A "hice algo mal contigo" y dejan un gusto amargo a "fallaste".
Tuvimos que elegir entre el miedo y el respeto.
Tal parece que no llegamos a ningún acuerdo y perdimos los dos.
Lluvia (ECG)
Volvemos a repetir la historia de siempre - ya se prepara el cielo - Un día todo parece crecer con un flujo perfecto y al siguiente todo se marchita otra vez - va a comenzar a llover - ¿Será que siempre tenemos que estar en ese ciclo? - y tú también vas a llover - ¿No podemos quedarnos en alguna línea recta? - lo sé por como cantan tus respiros - ¿No? - vamos a llover pronto - ¿Será que fuimos hechos a la medida? - ya no alcanzamos a sujetarnos - ¿A la de alguien más? - ya caemos a pedazos - ¿Y si ya no podemos salvarnos? - ya no podemos salvarnos.
Esto no se trata de él
Ni de sus ojos.
Ni del sol pegando en sus ojos.
Ni de mis dedos entre su pelo.
Ni de sus manos...
Ni de sus manos en todas partes.
Ni de sus labios,
ni de su boca,
mucho menos de sus besos.
Ni de sus brazos,
ni de cómo me sujetan,
ni de cómo me acercan a él.
Ni de sus abrazos por la espalda,
ni de cómo me sorprenden, aunque los espere
ni de cómo me llenan.
Ni de sus silencios,
que tienen las palabras justas,
ni de lo que me enseña,
ni de las dudas que siembra en mí.
Ni de su cuerpo,
ni de su corazón,
ni de su cuerpo a contraluz.
Ni de su madurez
-o quizá, inmadurez-.
Ni de sus ganas de que todo sea perfecto.
Ni de su olor,
ni de su sonrisa.
No, no es sobre sus besos,
ni del sabor a cerveza,
ni de la embriaguez
aunque no haya cerveza.
Ni de cómo me sube hasta el cielo,
ni de cómo de pronto me trae a la tierra otra vez,
ni de cómo me hace quererlo
y odiarlo, y quererlo aún más.
Ni de sus defectos
ni de sus virtudes
Ni de cómo me toma de la mano
y ya no existe nada más.
Nada más.-
Ni del sol pegando en sus ojos.
Ni de mis dedos entre su pelo.
Ni de sus manos...
Ni de sus manos en todas partes.
Ni de sus labios,
ni de su boca,
mucho menos de sus besos.
Ni de sus brazos,
ni de cómo me sujetan,
ni de cómo me acercan a él.
Ni de sus abrazos por la espalda,
ni de cómo me sorprenden, aunque los espere
ni de cómo me llenan.
Ni de sus silencios,
que tienen las palabras justas,
ni de lo que me enseña,
ni de las dudas que siembra en mí.
Ni de su cuerpo,
ni de su corazón,
ni de su cuerpo a contraluz.
Ni de su madurez
-o quizá, inmadurez-.
Ni de sus ganas de que todo sea perfecto.
Ni de su olor,
ni de su sonrisa.
No, no es sobre sus besos,
ni del sabor a cerveza,
ni de la embriaguez
aunque no haya cerveza.
Ni de cómo me sube hasta el cielo,
ni de cómo de pronto me trae a la tierra otra vez,
ni de cómo me hace quererlo
y odiarlo, y quererlo aún más.
Ni de sus defectos
ni de sus virtudes
Ni de cómo me toma de la mano
y ya no existe nada más.
Nada más.-
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