Lluvia (ECG)
Volvemos a repetir la historia de siempre - ya se prepara el cielo - Un día todo parece crecer con un flujo perfecto y al siguiente todo se marchita otra vez - va a comenzar a llover - ¿Será que siempre tenemos que estar en ese ciclo? - y tú también vas a llover - ¿No podemos quedarnos en alguna línea recta? - lo sé por como cantan tus respiros - ¿No? - vamos a llover pronto - ¿Será que fuimos hechos a la medida? - ya no alcanzamos a sujetarnos - ¿A la de alguien más? - ya caemos a pedazos - ¿Y si ya no podemos salvarnos? - ya no podemos salvarnos.
Esto no se trata de él
Ni de sus ojos.
Ni del sol pegando en sus ojos.
Ni de mis dedos entre su pelo.
Ni de sus manos...
Ni de sus manos en todas partes.
Ni de sus labios,
ni de su boca,
mucho menos de sus besos.
Ni de sus brazos,
ni de cómo me sujetan,
ni de cómo me acercan a él.
Ni de sus abrazos por la espalda,
ni de cómo me sorprenden, aunque los espere
ni de cómo me llenan.
Ni de sus silencios,
que tienen las palabras justas,
ni de lo que me enseña,
ni de las dudas que siembra en mí.
Ni de su cuerpo,
ni de su corazón,
ni de su cuerpo a contraluz.
Ni de su madurez
-o quizá, inmadurez-.
Ni de sus ganas de que todo sea perfecto.
Ni de su olor,
ni de su sonrisa.
No, no es sobre sus besos,
ni del sabor a cerveza,
ni de la embriaguez
aunque no haya cerveza.
Ni de cómo me sube hasta el cielo,
ni de cómo de pronto me trae a la tierra otra vez,
ni de cómo me hace quererlo
y odiarlo, y quererlo aún más.
Ni de sus defectos
ni de sus virtudes
Ni de cómo me toma de la mano
y ya no existe nada más.
Nada más.-
Ni del sol pegando en sus ojos.
Ni de mis dedos entre su pelo.
Ni de sus manos...
Ni de sus manos en todas partes.
Ni de sus labios,
ni de su boca,
mucho menos de sus besos.
Ni de sus brazos,
ni de cómo me sujetan,
ni de cómo me acercan a él.
Ni de sus abrazos por la espalda,
ni de cómo me sorprenden, aunque los espere
ni de cómo me llenan.
Ni de sus silencios,
que tienen las palabras justas,
ni de lo que me enseña,
ni de las dudas que siembra en mí.
Ni de su cuerpo,
ni de su corazón,
ni de su cuerpo a contraluz.
Ni de su madurez
-o quizá, inmadurez-.
Ni de sus ganas de que todo sea perfecto.
Ni de su olor,
ni de su sonrisa.
No, no es sobre sus besos,
ni del sabor a cerveza,
ni de la embriaguez
aunque no haya cerveza.
Ni de cómo me sube hasta el cielo,
ni de cómo de pronto me trae a la tierra otra vez,
ni de cómo me hace quererlo
y odiarlo, y quererlo aún más.
Ni de sus defectos
ni de sus virtudes
Ni de cómo me toma de la mano
y ya no existe nada más.
Nada más.-
de Sabines
(...) Soy una cicatriz que ya no existe,
un beso ya lavado por el tiempo,
un amor y otro amor que ya enterraste.
Pero estás en mis manos y me tienes
y en tus manos estoy, brasa, ceniza,
para secar tus lágrimas que lloro.
¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras
me dirás que te amo? Esto es urgente
porque la eternidad se nos acaba.
Recoge mi cabeza. Guarda el brazo
con que amé tu cintura. No me dejes
en medio de tu sangre en esa toalla.
un amor y otro amor que ya enterraste.
Pero estás en mis manos y me tienes
y en tus manos estoy, brasa, ceniza,
para secar tus lágrimas que lloro.
¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras
me dirás que te amo? Esto es urgente
porque la eternidad se nos acaba.
Recoge mi cabeza. Guarda el brazo
con que amé tu cintura. No me dejes
en medio de tu sangre en esa toalla.
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