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El cabello

"Niña, a un hombre puedes darle tu sangre porque la sangre de las mujeres viene y va cada mes, puedes entregarle tu corazón porque sus emociones cambian como lo hacen las mareas. Pero si le entregas uno solo de tus cabellos le darás tu fuerza de vivir. Con tu cabello tejes sueños y atrapas pesadillas cada noche; con tu cabello escuchas las voces de tus ancestros susurrándote en el viento, tu cabello habla con las aves y las estrellas. No es solo cabello es el único trozo visible de tu espíritu. Es la balanza que te equilibra, un hilito de luz que sube por el cielo y te conecta con todo."

Cualquier mañana

Esa clase de amor le dolía, la hundía hacia un abismo del que no sabría escapar.

Cuando buscaba paz prendía un incienso y fijaba su mirada hacia el techo, veía flotar el humo del sándalo sobre su cabeza tan delicada y suavemente; cuanto anhelaba ser como ese vaho aromático, flotar ligera hasta desaparecer, sin ninguna carga, sin ningún apego. Entonces el humo desaparecía al llegar al techo de la habitación y ella… volvía a ser ella.

...

Cualquier mañana ellos se darán cuenta, entonces ella se convertirá en incienso y él en metal.

De verdades y mentiras - Paola Klug

"(..,) Y fue el silencio el que me enseñó el resto de mis errores. Pedí cosas que nunca di, pedí algo en lo que nunca creí. Corté alas mientras hablaba de libertad, exigí lealtad cuando yo solo me he sido leal a mi misma. Demandé amor eterno aun cuando yo solo amo por ratos. Jugué al mismo juego al que jugaron conmigo.

Hoy dejo en este lugar este pedazo de mi historia con la esperanza de que el tiempo sea capaz de arrancar de mi corazón los ojos tristes de mi amor idealizado para toparme con otros, de los que no espere nada más que la mirada. Me voy sola, sin esperar eternidades, sin cobrar y sin dar promesas.

Hoy me voy con los labios cerrados, con el corazón abierto. Me voy en silencio pues ya me he cansado de decirle tantas mentiras al mundo. Me voy lejos, me voy sola, me voy adentro con la esperanza de encontrarme…"

Mujer Montaña

Nací cerca del mar, una serpiente me trajo al mundo entre la arena. Me dio un nombre y me mandó a vivir. Conforme caminé por el sendero me encontré con la muerte varias veces y morí en pedazos y ya no me llamaba igual porque yo ya no era la misma. Cambió mi cuerpo y mi voz, cambió mi mirada y mi corazón – aveces duro, aveces blando-

Y seguí caminando con mis diferentes nombres, con mis diferentes pasos. Fui mujer venado, mujer humo, mujer musgo, mujer cántaro. Y mi cabello creció y mis manos se hicieron más hábiles, tanto que pude tejer historias tanto con las gotas de lluvia como con los rayos del sol. Aprendí a usar máscaras y a sentir culpas y remordimientos, y luego tuve que desaprender todo eso.

Recorrí desiertos y floté a la deriva no una vez, sino mil veces. Y en mis naufragios encontré fantasmas que lloraron conmigo. Y me perdí y me encontré para perderme de nuevo. Me aferré a cadáveres y me solté de ellos.

Dancé entre las lunas y dormí entre los soles. Fumé muertes y sembré vidas. Soñé luciérnagas y viví entre moscas. Me convertí en mujer águila y abrí mis alas.

Fui mujer de manos morenas y sonrisa mestiza. Me desangré hasta vaciarme para llenarme de nuevo y me llamaron vacía, y me llamaron repleta.

Me defendí del mundo y me hice coyote. Y mostré mis dientes y destacé con mis garras, después lamí mis heridas y aprendí de mis batallas. Me llamaron salvaje o me llamaron guerrera.

Corrí en cuatro patas hasta entender que no podía escapar de mi y me abracé con fuerza, y me perdoné por todo y por nada. Por la nada y para la nada.

Descuarticé la ilusión de la materia, prendí fuego a los recuerdos y me miré al espejo: Allí estaba yo, mujer niebla, mujer nube, mujer montaña observándose a si misma hacia dentro.

- Paola Klug